lunes, 7 de abril de 2014
viernes, 4 de abril de 2014
miércoles, 2 de abril de 2014
Radio y Cine
El camino natural de entrada al mundo del cine durante
décadas ha sido para los profesionales del Sèptimo Arte el teatro, las artes
escénicas, su aprendizaje y su teoría. Pero un buen puñado de cineastas,
entendido el término como todos aquellos que han hecho o hacen cine y no
necesariamente de forma excluiva los directores, comenzaron o realizaron tareas
durante alguna etapa de sus vidas en la Radio, el medio radiofónico en el que
la palabra y la música son los vehículos de expresión. De entre los
profesionales que recalaron alguna vez en la Radio, y salvando el caso tópico
de Orson Welles, maestro del cine y maestro de la realización radiofónica, se
han seleccionado los casos más o menos conocidos de estrellas y técnicos de la
gran pantalla que destacaron en las ondas alguna vez.
RICHARD BROOKS,
realizador independiente americano, mostró muy pronto, a los 20 años, su pasión
por la Radio. Se dedicó al periodismo deportivo y seguramente fue uno de los
precursores de los narradores de eventos del deporte tal y como los conocemos
hoy en día. Además de esas tareas de locutor, escribió editoriales y auténticos
libretos radiofónicos, con lo que asentó un gusto extremadamente refinado por
las adaptaciones literarias en las que luego serían sus películas. Contratado en 1934 por el Phliadelphia Record
en la sección de deportes, pasa a Nueva York para seguir su carrera radiofónica
hasta que es llamado desde Hollywood para iniciar la que sería brillante
filmografía, en la que no faltaron la referencia a su profesión periodística:
"Deadline USA" ("El cuarto poder") ni la adaptación fiel al
original de Truman Capote "In cold blood" ("A sangre fría"). Todas sus
películas le debieron siempre algo a su caracter de narrador.
FRANK CAPRA, el
inmigrante italiano que defendió con mayor estima el "american way of
life" en la época roosveltiana del New Deal. Había nacido en Palermo en
1897, y a su llegada al Nuevo Mundo se dedicó a mil y un oficios, siempre
acometidos con el ansia de aprendizaje que luego plasmaría en sus películas. En
esa època trabajó en la radio, haciendo funciones desde chico para todo
hasta dialoguista en
algunos seriales de éxito. En la contienda mundial de los años 40, Capra
realizó con estilo periodístico y narración de corte radiofónico la serie de
propaganda bélica
"Why we
fight", que fue vista por decenas de miles de soldados americanos antes de
partir hacia el frente. Célebre es la alocución del personaje central de
"Caballero sin Espada" Jefferson Smith ante el Congreso de la Unión,
con una puesta en escena característica de las intervenciones en radio de los
políticos.
Muchos cómicos de cine nacieron y se desarrollaron en la
radio, y en muchos casos obtuvieron más éxito en este medio. ABBOTT Y COSTELLO, la pareja cómica más
conocida de los años 30 y 40, son ejemplo de ello. William Abbott y Lou
Costello tuvieron experimentada comicidad ante el micrófono, donde mostraron su
habilidad para plantear situaciones absurdas y diálogos demenciales. La parodia
fue su especialidad, y en la pantalla fueron muy famosos aunque su verdadero
medio de expresión nunca fue abandonado del todo.
LOS HERMANOS MARX no
podían ser ajenos a la radio, una vez conseguido su éxito sobre los escenarios
de hilarantes revistas y en películas iniciáticas como "Horse
Feathers" ("Plumas de Caballo") o "The Cocoanuts"
("Los cuatro cocos"). Escribieron diálogos que fueron radiados desde
el mítico Hotel Algonquin y vitoreados decadas después por el grupo de
intelectuales cuyo núcleo formaron Dorothy Parker y el guionista George S.
Kaufman, a los que se uniría ávido de diversión el imprevisible Harpo. En 1931
los Marx recibieron una oferta para un Radio-Show que no cristalizó, pero tres
años después, los dos hermanos más caústicos y brillantes Groucho y Chico,
fueron contratados para un programa de media hora, "Flywheel, Shyster and
Flywheel", en el que daban voz a un insolente abogado y a su incompetente
secretario. El espacio estuvo 26 semanas en antena, pero se disolvió como el
azúcar cuando desapareció el sponsor, la potente Standard Oil de New Jersey.
Aún así, los eléctricos diálogos del programa han sido editados en libros y
cuentan por millones los ejemplares vendidos.

Caso aparte es el del gran JACK LEMMON, experto cómico y actor dramático de potente registro,
que estudió en Harvard y que aprendió en la radio la vivacidad de sus frases y
sus diálogos, en tantas películas demostrados. Lemmon fue actor de comedia en
la radio americana de los años 40.
JERRY LEWIS,
natural de Newark, New Jersey, es uno de los artistas mejor dotados para la
comedia que ha dado el siglo. Un malentendido le puso en unas pruebas, encima
del escenario, junto
a un joven bien
parecido, más alto y más guapo que él, con quien llegó a conectar de tal forma
que formarían pareja durante dos décadas en el cine y en la radio. En el
teatro, en la gran pantalla, en el music-hall, y en programas radiofónicos
ácidos y musicales, Jerry Lewis y Dean Martin llegaron a convertirse en la
pareja cómica más popular de su época.
También en Europa los cómicos del cine tuvieron sus flirteos
con la radio. NINO MANFREDI, el
inolvidable verdugo de Berlanga, se confirmó en el medio como actor de comedia.
Y el francés BOURVIL, André
Raimbourg, auténtico artista total, demostró ser hombre de radio con sus trabajos en Radio
París, donde se convirtió en el campesino de pueblo, el tonto que no ocultaba
sus orígenes rurales (había nacido en la villa de Bourville, de la que tomó
prestado el nombre).
BLAKE EDWARDS
nació como guionista en la radio americana, en las pequeñas emisoras del estado
de Oklahoma, en cuya capital Tulsa había nacido. Muchas ideas de guión de sus
películas tienen base en situaciones de seriales radiofónicos, incluso las más
visuales, con un conocimiento del espacio que aprendió sin poderlo
"enseñar" en sus trabajos para la radio.
Entre los músicos de relieve y talla internacional que
trabajaron para la radio, JERRY
GOLDSMITH es el más destacado. En los años 70 escribió las partituras de
centenares de programas, buceando en fuentes y referencias provenientes del
folk y la música clásica. Su obra para el cine va desde las bandas sonoras de
"Alien" y "Chinatown", hasta los westerns "Río
Lobo" y "La balada de Cable Hogue".
ROBERT ALTMAN es
un hombre de mundo, como sigue demostrando película tras película. Combatió en
la Segunda Guerra Mundial en la US Air Force, pilotando bombarderos, y del
frenesí
del combate pasó a la
batalla de las ondas herzianas, donde escribió guiones y programas enteros. En
Nueva York pasó sus años de juventud, llevando una vida bohemia en la que
incluso se vio obligado a trabajar haciendo tatuajes.
MARY ASTOR, por
el contrario, fue una aristócrata en todo aquello que hizo en su carrera.
Lucille Vasconcellos Langhanke, rocambolesco nombre que tuvo logicamente que
modificar, ganó un concurso de belleza que le permitió acceder a la pantalla,
aunque para entonces ya había obtenido una sobrada experiencia como locutora en
la radio, donde aprendió la soberbia dicción que exhibió en sus diálogos con Sam
Spade-Humphrey Bogart. Por el papel de Brigid O´Shaughnessy ganó el Oscar.
El caso de GLORIA
SWANSON no tiene parangón en la Historia del Cine, en lo que a su relación
con la radio respecta. Fue una gran, garandísimia estrella en el mudo, llegó a
lo más alto con su "Reina Kelly"
y al llegar el sonoro, su fulgor desapareció. En 1934, como tantos otros
grandes actores de la época silente, dejó el cine y dedicó todos sus esfuerzos
a los negocios... y a comenzar una increíble carrera en la radio antes de
enfrentar su verdadero crepúsculo al atravesar, de la mano del cínico Billy
Wilder, Sunset Boulevard. Fue la caída
de una diosa que supo encontrar en el micrófono, donde nadie podía ver su
decadencia, la erótica del estrellato que nunca quiso abandonar.
Grande entre los grandes, LIONEL BARRYMORE fue locutor, músico, escritor y pintor, amén de
otros muchos campos de la creación que pudo experimentar. En la radio formó los
cimientos de la vocalización del idioma inglés en su perfección, tan cara a los
americanos. También su hermano John fue un gran orador y experto en recitar
textos.
En Europa, dos casos singulares: ETTORE SCOLA, letrado formado profesionalmente en Treviso,
periodista de humor que siempre supo, en su vida y en su cine, mirar de forma
crítica a la sociedad italiana. Trabajó en la radio en los años 50. Y
FRANCO ZEFFIRELLI, actor de radio gracias a cuya práctica pudo pagarse los
estudios de arquitectura en Florencia.
Muchos son los artistas del medio cinematográfico que hunden
sus raices profesionales en la radio. Desde directores hasta guionistas,
actores y actrices, músicos y productores, he aquí una reseña de los más
destacados. La producción radiofónica de Orson Welles "La Guerra de
los Mundos" conmovió a los oyentes norteamericanos en los albores de la
década de los 40. El genio de Welles estaba secundado en el talento de un grupo
de profesionales de la radiodifusión, el más importante de los cuales fue PAUL STEWART, afamado locutor de la
radio neoyorkina que se asoció con Welles para la puesta en marcha del proyecto
basado en la obra de H.G. Wells. Stewart usufructuó más tarde los éxitos
cinematográficos del genio, apareciendo como secundario en "Ciudadano
Kane", aunque su actividad en la radio no desapareció: al contrario, puso
en marcha la emisión en el frente de los programas "News from home",
para la Office of War Information, que eran emitidos para los soldados
americanos durante la Segunda Guerra Mundial. Junto a él, y con mayor
reconocimiento mundial como consecuencia de su trabajo en el cine, el músico BERNARD HERRMAN participó en la
elaboración del mítico programa, escribiendo la partitura. HOWARD KOCH, guionista
de grandes recursos muy utilizado en el Hollywood de la época dorada, escribió el guión de "War if the
Worlds". ED BEGLEY; WILLIAM BENDIX, el marino herido en
"Naufragos" de Hitchcock; JACK BENNY, muy popular en la radio
americana en los años 30, famoso en el cine por su papel en "To be or not
to be" de Lubistch en la que "le hacía a Shakespeare los que los
alemanes le hicieron a Polonia"; ANN BLYTH;
EDDIE CANTOR, actor cómico
que se adaptó mejor a la radio que al cine;
el "malo" TED DE CORSIA,
secundario en tantas películas B; LEO GENN, locutor de la BBC al que se
conocía como "el hombre
con la voz de
terciopelo negro"; ANNE FRANCIS,
que fue a la radio lo que Shirley Temple o Elizabeth Taylor al cine, una
estrella precoz; JOHN FRANKENHEIMER, director de cine que se formó en la cadena
radiofónica de la CBS; MEL FERRER,
disk-jockey y productor de shows en la
NBC; o JOSE LUIS GARCI, el cineasta
español que más ha amado la radio, a la que en todas sus películas hace guiños
y en la que trabajó en varias etapas,
son otros ejemplos del binomio casi desconocido de radio y cine.
Copyright © Victor Arribas
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martes, 25 de marzo de 2014
domingo, 23 de marzo de 2014
martes, 11 de marzo de 2014
Raymond Chandler vs. Phillip Marlowe
Una prosa
elegante, sobria y con los adornos necesarios pero ni uno sólo más. Unos
diálogos espectaculares y llenos de viveza. Unos personajes aparentando ser
siempre lo que no son. Esas son las señas de identidad de uno de los mejores
novelistas y escritores cinematográficos de la historia, Raymond Thornton
Chandler (Chicago, Illinois, 1888- La Jolla, California, 1959). Amante de la
poesía de Walt Whitman, estuvo más de una década publicando relatos breves en Black Mask desde que el primero viera la
luz en 1933. Ahí se forjó su talento descriptivo y ahí conoció las fuentes que
alimentaron su especialización en el crimen y el misterio policial. Cuando dejó
Black Mask y se incorporó a Dime Detective su carrera cobró una
nueva dimensión.
En 1939 escribió El
sueño eterno (The Big Sleep) ya
con Marlowe como leit motiv, utilizando la técnica de aprovechar hilos
narrativos apuntados en sus historias cortas, lo mismo que hizo un año después
con Farewell My Lovely (Adiós muñeca), a la que siguen sin
apenas intervalos The High Window
(1942) y La dama del lago (The Lady in the Lake, 1943). The Little Sister (1949), The Long Goodbye
(1953) y Playback (1958) terminan de
componer la bibliografía chandleriana sobre Philip Marlowe. El
investigador privado de ficción pasa a ser muy conocido por los norteamericanos
gracias a la adaptación de Dmytryk, a la que seguirían las de Hawks y
Montgomery comentadas más ampliamente en otros capítulos, y las que merecen
mención destacada: The Brasher Doubloon
(1947) de John Brahm se basó en The High
Window, Marlowe, detective muy
privado (Marlowe, 1967) de Paul
Bogart tuvo su base en The Little Sister y El
largo adiós (The Long Goodbye,
1973) de Robert Altman en el relato homónimo mencionado. Dick Richards realizó en 1975 para Embassy un remake de la novela de
Chandler Adiós, muñeca (Farewell, My Lovely). Sucesivamente, el
rol de Marlowe ha tenido en la pantalla las facciones de George Sanders, Dick
Powell, Humphrey Bogart, Robert Montgomery, George Montgomery, James Garner,
Elliot Gould y Robert Mitchum, a los que añadiríamos a James Caan en la
producción de HBO inicialmente concebida para televisión Pooddle Springs (1998) de Bob Rafelson, basada en la novela
inacabada que terminó Robert B.Parker. Como todo buen narrador que logra su
éxito paralelo al desarrollo de la industria del cine, había sido llamado a
Hollywood para aportar ideas y escribir guiones y argumentos. Y de su pluma
nacieron o se perfeccionaron los libretos de Perdición (Double Indemnity,
1944) de Billy Wilder, La dalia azul
(The Blue Dahlia, 1946) de George
Marshall y Extraños en un tren (Strangers on a Train, 1951) de Alfred
Hitchcock
Chandler
mantuvo siempre una misteriosa ambigüedad
sobre su personaje-fetiche. Según su propio testimonio, el detective
debió nacer en Santa Rosa pasados diez o quince años del cambio de siglo. Tras
trabajar en una agencia de seguros y para la fiscalía. A lo largo de las
distintas novelas que ha poblado este taciturno investigador ha tenido sus
oficinas en diferentes localizaciones de Los Angeles aunque la más reconocible
es Hollywood Boulevard. El despacho es un prodigio de austeridad: ni un mueble,
ni unas flores, ni una secretaria. Eso sí, siempre que Marlowe llega a su despacho
hay alguien misterioso esperando dentro con intenciones de liarle en algún caso
enrevesado, y quien le avisa de la presencia del invitado suele ser el
ascensorista o el personal de limpieza del edificio. El contraste con ese mundo profesional desarraigado
es la habitación donde vive tal y como se ve en una escena de Historia de un detective: al llegar
Claire Trevor arreglada de forma exuberante, vemos a un hombre en camiseta de
tirantes, en un cuarto que tiene un sillón de orejas con las babuchas a sus
pies, y acabamos de ver al chico que limpia los cuartos recoger la ropa sucia.
Chandler humaniza a un detective mucho más humano que Sam Spade. Aunque los
aspectos puramente formales deben ser tenidos en cuenta, lo que sigue
maravillando de esta creación es el perfil psicológico de Marlowe, las muescas
que lleva la culata de su revolver y el proceso interior que ha vivido y se
aprecia a flor de piel en sus diálogos, en sus reacciones, en su forma de ver
la vida. Es un hombre marcado por el paso de dos guerras mundiales sobre su
país, desengañado y perdedor, que repudia la mentira y la hipocresía, y que
cada día en su trabajo debe ponerse delante de gentes mentirosas e hipócritas.
Es un “removedor de basuras”, en
palabras de Ray Collins. Los críticos literarios siempre han tratado de
dilucidar cuál fue el más grande entre los autores de novelas de misterio en la
primera mitad del siglo XX americano, y la disyuntiva siempre ha tenido a
Chandler y a Dashiell Hammett como litigantes.
Chandler dijo de su coetáneo Hammett cosas tal vez demasiado sinceras: “Todos los movimientos literarios son así:
se elige a un individuo como representante de todo el movimiento, por lo
general es la culminación de éste. Hammett fue el as del grupo, pero no hay en
su obra nada que no está implícito en las primeras novelas y cuentos de
Hemingway”. Por entonces, cabe deducir, también se imponían las guerras de
egos como ahora.
Una gran película: Adiós, muñeca
Copyright © Víctor Arribas
domingo, 9 de marzo de 2014
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