lunes, 19 de mayo de 2014

Milagro en Milán, en "Director Invitado" de 8madrid tv


Esta noche a las 22.00, presentaré una nueva película en el ciclo Director Invitado en 8madrid tv. Vittorio De Sica y su "Milagro en Milán" nos llevarán hacia un mundo tan mágico como realista. 


Reseñas del ciclo Director Invitado en 8madrid TV:

Los amantes de la noche

En un lugar sin ley (Ain't Them Bodies Saints)
(David Lowery, 2013)


Antes de realizar ninguna consideración sobre esta hermosa película negra del moderno cine norteamericano, conviene subrayar lo difícil que ha sido poder verla. Sólo se exhibe en tres cines de Madrid, tres salas sólo han apostado por Cine de calidad predestinado a ser carne de DVD en pocas semanas (¿ésta? ¿la próxima?) mientras en los multicines de palomitas y “emanems” se estrenan cada viernes docenas de películas sin historia imposibles de digerir.
El cauce del nuevo cine negro viene delimitado desde hace más de una década por lo que hagan, dejen de hacer, digan o escriban un par de señores que responden al apellido común de Coen. Los dos hermanos han situado el neo noir en su cúspide con El hombre que nunca estuvo allí (The Man Who Wasn’t There, 2001)  y Fargo (1996), y el camino paralelo del thriller con No es país para viejos (No Country For Old Men, 2007). La industria estadounidense ha producido en los últimos años varios títulos que mantienen el nivel que los Coen han establecido, auténticas joyas que recordaremos cuando se editen libros sobre el género dentro de 25 años: Antes que el diablo sepa que has muerto (Before The Devil Knows Your’e Dead, 2007) de Sidney Lumet; Ciudad de ladrones (The Town, 2010) de Ben Affleck; El demonio bajo la piel (The Killer Inside Me, 2010), de Michael Winterbottom; Drive (2011) de Nicolas Winding Refn; La huida (Deadfall, 2013) de Stefan Ruzowitzki; Prisioneros  (Prisoners, 2013) de Denis Vileneuve.


Ain’t Them Bodies Saints, traducida aquí con un olvidable En un lugar sin ley, escrita y dirigida por un desconocido David Lowery, se emparenta más con sus coetáneas en el género negro post moderno que con los clásicos a los que evoca con su historia de una pareja que se ama en el límite de la ley (unidos por el crimen): El demonio de las armas, Los amantes de la noche, Sólo se vive una vez, Malas tierras… Incluso con las más desconocidas Shockprooof (1949) de Douglas Sirk, en su tramo final (la pareja delictiva busca más un escondite que una huída), y Unidos por el crimen (Tomorrow Is Another Day, 1951), de Félix Feist. 
          
            

(Nota: ver recuadro dedicado a las parejas criminales "En el amor y en el crimen" en el libro El Cine Negro
de Víctor Arribas, Notorious Ediciones, 2011. Página 322)

El estrato social en el que nos sitúa esta descarnada historia de amor en el Texas de los años 70 es el de dos jóvenes novios(Bob Muldoon es Casey Afleck; Ruth Guthrey es Rooney Mara)  en una zona deprimida, que cometen pequeños robos y viven con los sueños de su futuro juntos a flor de piel.  En uno de esos atracos, se ven obligados a refugiarse en un cobertizo huyendo de la policía, y Ruth dispara a uno de los agentes hiriéndole de gravedad. Bob se inculpa para salvar a su amada, que esperará cada día el regreso de él cuidando al bebé de ambos que está a punto de nacer. Amor en la distancia, amor imposible de corporeizarse, anhelo de recuperar un amor tóxico… Por el camino se cruzará el policía Wheeler (Ben Foster), enamorado de Ruth, que tratará de cubrir la ausencia de un Bob fugado de prisión y en alocada carrera hacia un destino fatal y violento.

        

Parece ser que Lowery (un montador al que seguiremos los pasos desde ahora al milímetro) se ha inspirado en un cortometraje dirigido por él mismo para desarrollar la historia de Bob y Ruth, unidos en el amor y en el crimen, que conforman junto a Wheeler un gran triángulo romántico que resuena en la cabeza del espectador muchas horas después de terminar la proyección.  Su tratamiento visual del relato busca una inspiración lírica (a veces, demasiado) pero generalmente de factura clásica. Ejemplo de ello el muy interesante uso de la elipsis de que hace gala Lowery: el atraco inicial, que vimos en Gun Crazy o tantas veces en Bonnie y Clyde, aquí se queda fuera del montaje y ocurrirá sólo en la mente del espectador. La película podría estar firmada por Terrence Malick, y la pasaríamos como una de las mejores (más comprensibles) de su filmografía. Un gran hallazgo en el panorama tan decadente de los estrenos.

                                                   Copyright © Víctor Arribas



martes, 13 de mayo de 2014

El Director Invitado en 8madrid tv: Jacques Tourneur.


Este lunes 12 de mayo de 2014 he estrenado la presentación de las películas del ciclo El Director Invitado en 8madrid. La primera, una joya del cine clásico: Yo anduve con un zombi-. Que la disfrutéis!!!

lunes, 12 de mayo de 2014

Mi estreno en 8madrid tv, esta noche a las diez.

                  

A las diez de la noche, en el canal 8madrid tv, presento el ciclo El Director Invitado que hoy se dedica al gran Jacques Tourneur y a su obra maestra Yo anduve con un zombi, un prodigio del terror sugerente y peculiar de RKO en los 40. Una pequeña pieza elaborada junto a Fran Gomez y Gerardo Cabrera introducirá el film para que podáis disfrutarlo en una noche mágica y llena de sensaciones cinéfilas!! 

                                     

Os espero cada lunes en este espacio de 8madrid tv. 



lunes, 28 de abril de 2014

Ocho apellidos vascos, de Emilio Martínez Lázaro

Reflexiones sobre el fenómeno del Cine español.         




Ha sido un acierto sentarse a ver la película más taquillera de la historia del Cine español dejando pasar unas semanas desde su estreno , y mucho más todavía escribir algo sobre ella habiendo comprobado cómo esta comedia tan poco transgresora y tan previsible se alza a las más altas cotas de audiencia que recordamos desde Avatar.  En seguida les explicaré por qué creo que no transgrede nada cinematograficamente hablando, y por qué es previsible hasta desembocar en un tercio final ciertamente desacertado. Pero lo primero es asimilar lo ocurrido con Ocho apellidos vascos en esta España de 2014, sacudida por la penuria económica, descreída de sus dirigentes y autoridades, y escéptica sobre el futuro hasta un límite que no se recordaba desde hacía décadas.
                Nadie daba por ella un euro, salvo lógicamente sus autores y productores (que no son necesariamente lo mismo). Así de claro. Aquel viernes de marzo, el gran estreno era Dallas Buyers Club que venía con la etiqueta del Oscar al mejor actor protagonista, y en aquellas fechas (¡un mes y medio tan sólo ha pasado!) los cuadernillos especiales de Cine dedicaban sus espacios estelares a  Hotel Budapest de Wes Anderson y Non-Stop de Jaume Collet-Serra (¿se sabe algo de ellas hoy?).  Las críticas fueron tirando a malas, salvo alguna excepción que demostró al final conocer mejor que los demás los gustos del público. Internet no jugó un especial papel en ninguna campaña multimillonaria para lanzarla a la cartelera. La prensa la relegó a espacios enunciados como “Otros Estrenos”. Las radios y las televisiones… ¡ay, radios y televisiones y su información sobre Cine! Todos esos medios de comunicación se rebelaron como inservibles para el exitazo que le esperaba inesperadamente a este film modesto, porque hay todavía un medio de comunicación más poderoso que esos: las conversaciones de la gente en la calle, en el supermercado, en el trabajo, al recoger los niños en el cole, al compartir cena de amigos el sábado por la noche. Ese ha sido el bastión de Ocho apellidos vascos, que encadenó un primer fin de semana magnífico en las taquillas con una semana posterior en la que todas esas conversaciones se sucedieron en España y tejieron una tupida red de voluntades y de información que fue mucho más lejos de lo que una pieza del más afamado crítico cinematográfico podrá llegar nunca. El boca-oído. La gente se fía más del gusto de las personas de su entorno que de los sesudos análisis escritos o telegrafiados.  Y entonces… se consagró el golpe magistral a las teorías destructivas del Cine español, las que defienden quienes sin ver más de dos películas al año atacan la producción entera con el argumento de que “son gente de izquierdas”, y las de los propios profesionales del Cine español que achacan a un gobierno y a la red Internet ser el origen de sus males. Tanto perjudican al Cine los unos como los otros, como queda demostrado con este milagro inesperado. ¿Era el IVA el culpable de que la gente no fuera al Cine? ¿Lo era el precio de la entrada? ¿Lo era la calidad de las películas? Como es ud. un lector o lectora inteligente, ya sabe contestar a esas preguntas.




                Y ahora vamos con lo previsible y lo mínimamente transgresor de la propuesta. Estamos ante una comedia, género en el que su director es especialista y ha tenido no pocos éxitos, desde Amo tu cama rica (1991) o  El otro lado de la cama (2002) (curiosamente para ser un especialista en comedias, su mejor título es un thriller, La voz de su amo). Es una historia sobre una pareja abocada al amor por mucho que su desarrollo indique lo contrario (¿les hago la lista de las comedias que se han hecho con ese mismo argumento?). Gira en torno a una boda, tipo Historias de Filadelfia pero en un pueblo costero del País Vasco. Se ampara en la confusión de identidades y en los equívocos (La Cava, McCarey, Lubitsch, Quine, Tashlin…). Y tiene un tercio final en el que se deja llevar hacia el previsible desenlace dejando su gamberrismo saludable de lado y convirtiéndose en una comedia romántica tipo Medianoche de Leisen, es decir, perdiendo su efectividad. A pesar de que sea poco sorprendente y de que estemos ante una comedia argumentalmente vista millones de veces, la película de Martínez Lázaro es valiente y atrevida, y muy muy necesaria. Los españoles tenemos que reírnos un poco de nosotros mismos y cuando alguien pone al lado a una jovencita vasca de estirpe nacionalista y a un andaluz de costumbres españolistas, exagera los tópicos regionales (tribales) para ponerlos en cuestión y agita el vaso mezclador, el resultado es una hora y media de entretenimiento y risa asegurada. 



Ocho apellidos vascos no trasciende géneros ni reglas. Trasciende los tabús de una sociedad enferma que necesita estos ejercicios de terapia colectiva. Con unos diálogos encajados milimétricamente al estilo y formas de vida de vascos y andaluces, con unos actores que se creen sus personajes (especial talento el de Karra Elejalde, pero muy aceptables también Dani Rovira y Clara Lago) y una función que supone una corriente de  aire fresco en el encastillado Cine español.

                                                   Copyright © Víctor Arribas




   

viernes, 25 de abril de 2014

James M. Cain


            

Las historias escritas por este genio de la literatura norteamericana del siglo XX tienen siempre un sello inconfundible y unos tipos humanos coincidentes, cercanos a una concepción noir por sus actos y por sus circunstancias, son gentes normales abocadas al crimen por situaciones de fatalidad y marginación. Personaje difícil y taciturno,  James Mallahan Cain (Annapolis, Maryland, 1892- University Park, Maryland, 1977) dió lo mejor de sí mismo en los  años en que vivió y trabajó en California cerca del mundo que tanto odiaba, el de las películas y los grandes estudios, donde ganó mucho dinero con los derechos de sus novelas. Muchas de ellas, con fuerte componente sexual,  eran consideradas inadaptables en una industria que había aceptado unas rígidas normas morales: “Sólo Dios sabe qué retorcimientos de mi mente me llevan a tomar estas direcciones, pero, incluso cuando intento escribir un serial, antes de que esté terminado, adquiere un rumbo muy censurable, y si no lo hace, es flojo a mi entender”. Pero sus argumentos, temas y ambientes no cayeron en saco roto sino que influyeron notablemente en el nacimiento del género negro y en innumerables películas de la época. 




Además de ser autor de la base literaria de Perdición, El cartero siempre llama dos veces y Alma en suplicio, escribió la novela que está en el origen de Ligeramente escarlata (Slightly Scarlett, 1956) de Allan Dwan. Como guionista, y con pocas participaciones acreditadas, adaptó a W.R. Burnett en Dr. Sócrates (1935) de William Dieterle, coescribió con John Howard Lawson Argel (Algiers, 1938) de John Cromwell, y participó decisivamente en la escritura de El embrujo de Shanghai (Shanghai Gesture, 1941) de Joseph Von Sternberg. 

Uno de sus trabajos más importantes fue en la supervisión del guión de Retorno al pasado (Out of the Past, 1947) de Jacques Tourneur, según Javier Coma “puliendo la adaptación de la novela original (…) y dando un  brillo singular a los diálogos del film”. Cain casi nunca veía películas, repudiaba todo lo que rodeaba a la industria de un Hollywood del que huyó con la llegada de los inquisidores, y se refugió en Maryland hasta sus últimos días.

                                                     Copyright © Víctor Arribas