miércoles, 13 de noviembre de 2013

Sangrienta cena de Acción de Gracias

La huida, de Stefan Ruzowitzky (4/5)
Estreno en cines 15 noviembre 2013. Trailer en español




Esta violenta tragedia de personajes ambientada en las desnudas e invernales montañas canadienses llega con retraso a nuestras pantallas. Se rodó en 2012 y su edición videográfica ya discurre por algunos países, aunque tengamos ahora la magnífica oportunidad de verla en cines españoles. Por decirlo de una forma que el cinéfilo pata negra pueda entender, echemos en el vaso mezclador Un plan sencillo de Sam Raimi, Fargo de los Coen, Nightfall de Jacques Tourneur y Un mundo perfecto de Clint Eastwood, y obtendremos una película subyugante, que engancha al espectador desde su primera secuencia (en la línea de otras obras que empiezan en el interior de un coche en la huida tras un atraco como Reservoir Dogs y Sangre Fácil) y que reclama espacio propio en una cierta tendencia del cine americano para recuperar el género negro con cánones más o menos clásicos, en la que(por seguir con el juego de las referencias) encontraríamos también El hombre que nunca estuvo allí (siempre los Coen), El demonio bajo la piel de Michael Winterbottom, Lawless de John Hillcoat o Drive de Nicholas Winding Refhn. De todas las reseñas que nos ha rememorado ésta muy notable Deadfall, el clásico de Tourneur podría ser el más aproximado en cuanto a tempo narrativo, atmósfera desasosegante y dibujo de personajes.



Una voz en off, la de Eric Bana, comienza preguntándose cómo será el hogar ideal. En efecto, varias historias discurren en paralelo, varias experiencias vitales con propósitos de un futuro mejor (aunque sea transgrediendo la ley) se desarrollan hasta el límite para confluir en una catarsis final con un escenario y en una fecha muy especiales: la casa familiar de los Mills en las montañas canadienses en la cena del día de Acción de Gracias, tan especial para los norteamericanos que se reúnen en torno a un pavo para contarse las historias personales del último año y perdonarse los pecados.  El atracador Addison, que ha asesinado sin miramientos a todo el que se ha interpuesto en su huída con el dinero de su botín; su hermana pequeña Liza, que tratará de sobrevivir en la nieve y el hielo vestida con un escueto traje corto con hombreras; Jay, el exconvicto  al que la anterior unirá su destino en una huída primero romántica (Los amantes de la noche, Gun Crazy) y luego desesperada,  un joven que ha matado accidentalmente a su antiguo entrenador de boxeo al tratar de rendir cuentas con su tortuoso pasado; los padres de Jay, Chet y June, exmarshall el primero y abnegada madre sufriente la segunda; y la joven agente de policía local Hanna, que trata de ganarse el favor de su despreciativo padre que no es otro que el sheriff Marshall T. Becker. Todos ellos tienen sus tragedias individuales que se saldan en una tragedia griega colectiva a la que le falta un empuje final para hacer algo más redonda la seca, impactante, demoledora historia que Ruzowitzky y su guionista Zach Dean nos plantean en imágenes.



El director, también autor de libretos de sus propias películas como en Los falsificadores, plantea una mezcla de géneros con apariencia de thriller, pero más cercano al noir tradicional y al western moderno sobre la nieve. De lo que no cabe duda es de la factura de serie B que tiene Deadfall, que supera con creces las pretensiones artísticas con que parece haberse diseñado: es una película modesta en su planteamiento, pero ambiciosa en su recorrido temático y narrativo. Con grandes actores (Bana, Charlie Hunnam  y Olivia Wilde notables; Kris Kristofferson y Sissy Spacez sobresalientes; Treat Williams y Kate Mara desnortados dentro de la relación peor planteada y resuelta del film) y con extraordinarios  guión y diálogos.



Copyright © Víctor Arribas


martes, 12 de noviembre de 2013

San Francisco Blues

Blue Jasmine, de Woody Allen. (3/5)
Estreno en cines: 15 de noviembre 2013. Trailer Blue Jasmine

 


Cada año, algunas veces en dos ocasiones en un sólo ejercicio anual, tenemos la sensación de estar asistiendo a un nuevo título del género "alleniana", redescubriendo las múltiples variables de ese sello inconfundible que el director neoyorkino da a sus películas.  Los aficionados y especialistas bautizaron hace no muchos años el género "americana", ¿por qué no buscar un término homologable para unificar el estilo, la temática y la narrativa de este hombre-espectáculo que es Woody Allen? Esta vez su creación anual nos lleva a una frontera en la que hacía tiempo no le veíamos, transitando como ha estado en territorios concienzudamente ligeros (A Roma con amor), caricaturescos (Granujas de medio pelo), ensoñadores (Midnight in Paris), de intriga (Match Point), musicales (Todos dicen I Love You) y merecidamente fallidos (Vicky Cristina Barcelona). Esta vez nos pone entre la carcajada y la congoja, en la delgadísima línea que separa la tragedia de la comedia, el drama del divertimento, nos sumerge en terrenos que ni le recordábamos desde September (1987). Allen ha usado como mera fuente de maduración de sus personajes centrales la obra dramática de Tennessee Williams Un tranvía llamado Deseo, asfixiándonos con sus existencias vapuleadas como ocurría en aquel Nueva Orleans cálido y sudoroso que Elia Kazan llevó al cine. Aquí el trasunto de Blanche Dubois es Jasmine France, viuda de un inversor inmobiliario que creció económicamente transgrediendo unas leyes que le han llevado a la cárcel y al suicidio. Jasmine, como Blanche, viaja al hogar de su hermana Ginger (Stella en el texto de Williams) para encontrar una nueva vida, pero se encuentra al macho dominador en la casa, un Kowalski redivivo, Chili,  igualmente aficionado al alcohol, los amigotes y las juergas. La metáfora con la que Allen actualiza el mito del tranvía que pasa una sola vez en la noche es el estallido de la burbuja delictiva de los Madoff, Lehman Brothers, bancos y cajas, especuladores varios que han llevado a este planeta a su peor recesión en un siglo.



Blue Jasmine es una gran película, de las mejores de su autor en la última década, pero es la menos alleniana. El drama personal, psicológico, afectivo, que supone la degradación de esa mujer antaño envuelta en pieles y joyas de los templos que la Quinta Avenida, habitual de los Hamptons de Long Island, encerrada en su urna de cristal y sin preguntarse nunca a qué oscuros negocios dedicaba su marido Hal el tiempo libre.  Ahora todo ha terminado, està arruinada y se ve obligada a trabajar de secretaria de un dentista más acostumbrado a manosear a las damas que a colocar implantes. En ese detritus que forman su humillante nuevo empleo, la repulsiva casa de su hermana y las primarias costumbres de Chili y sus colegas, Jasmine viajará a los infiernos hasta reencontrar parte del pasado (su hijo) que le impide caminar hacia un futuro donde reeditar su posición social y su complejo de superioridad. Una auténtica fracasada. Para meternos en su pellejo durante algo menos de cien minutos, Allen nos hace saltar en el tiempo del presente deprimente al pasado floreciente de sus años en la jet, un montaje paralelo plagado de flashbacks que transcurren en la mente de la protagonista y le hacen perder el  juicio, a lo que contribuye también su adicción a las pastillas tranquilizantes.




En el catálogo urbanita del director-clarinetista hemos visto, amén de su amada NY, un Londres maquiavélico, una Barcelona desencantada, un París deslumbrante y mágico, y una Roma de reencuentros y amoríos. Ahora ha cruzado el país-continente y se ha instalado en la Costa Oeste, en un San Francisco reconocible más en su piel urbana que en sus moradores desplazados de una sociedad europeizada y moderna. Por ella pululan los actores que esta vez ha elegido el genio de Manhattan: una gran Cate Blanchett que aspirará con seguridad a premios importantes, cuyo drama interior traspasa la epidermis del espectador como una tragedia tan merecida como triste; un aceptable Peter Sarsgard como la última oportunidad de Jasmine; un sorprendente aunque caricaturizado Bobby Cannavale como Chili, borracho, amante de las camisetas de tirantes y la cerveza como Brando en Un tranvía...; una convincente Sally Hawkins como Ginger, la anfitriona de la función, y un efectivo Alec Baldwyn al que empezamos y acabamos odiando por tantas y tantas cosas... Sobresale el trabajo del director de fotografía Javier Aguirresarobe, que repite trabajo con Woody Allen, logrando amarillos y ocres contrapuestos al luminoso azul de la bahía californiana de San Francisco.      




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martes, 29 de octubre de 2013

El eterno fin del mundo

Al final todos mueren. Estreno en cines 1 nov. 2013. (2/5)


Desde que el Cine existe, las películas divididas en capítulos más o menos estancos y dirigidas por varios realizadores han pecado de falta de unidad, dispersión de estilos y disfunciones artísticas variadas. Al final todos mueren es un típico ejemplo… de los tres casos. Cinco historias episódicas, desangeladamente hilvanadas, y dirigidas por Javier Botet, Javier Fesser, David Galán Galindo, Roberto Pérez Toledo y Pablo Vara nos proponen un nuevo viaje del cine español al fin del mundo (3 días, Fin, Los últimos días, Los días no vividos y ahora ésta) abordado desde posiciones hasta ahora inexploradas en los títulos citados. A SABER:
·        42 DÍAS ANTES DEL IMPACTO: un capítulo de experimentación narrativa e interpretativa, con Botet en la dirección. Un asesino en serie encierra y mata a sus víctimas, siempre mujeres, pero no puede vencer al fin del mundo, que chafa sus planes.
·        LOS ROMANTICOS DEL FIN DEL MUNDO, 13 días antes del final, un igualmente fallido acercamiento a los jóvenes de hoy sin mañana, dirigido por Pérez Toledo. Un grupo de jóvenes sin futuro se lanzan a buscar el amor de su vida con la presión de aprovechar bien el tiempo y probar cosas inéditas en su experiencia sensorial. Posmodernidad en el apocalipsis.
·        8 DIAS ANTES DEL IMPACTO,  un interesante fogonazo con varios personajes reunidos en un chalet disputándose los tickets para la salvación, con Pablo Vara dirigiendo. Conseguir entrar en uno de los búnkeres que darán cobijo a los privilegiados convierte a los amigos en carne de ansiedad.
·        EL HOMBRE DEL MAÑANA, a tres horas del impacto, el inevitable humor español siglo XXI con la historia del bebé del fin del mundo que podría firmar Alex de la Iglesia, pero que dirige Galán Galindo. Gustará a los aficionados de la última generación.
·        PRÓLOGO Y EPÍLOGO, un glorioso doble episodio con forma de prólogo-epílogo que nos sitúa en el mismo espacio inmenso que Gravity y que ya adelanto es el más satisfactorio de la película. Javier Fesser entiende a la perfección la perspectiva con la que hay que mirar este acontecimiento planetario que será la destrucción de la Tierra.




Los directores, sus actores y sus técnicos han reunido un muy limitado presupuesto por cabeza para rodar (en Moraleja de Enmedio y Madrid) esta sugerente rareza que va a sorprender a muchos espectadores. Alguno de los cineastas que han buscado inspiración para esta teoría de cómo afrontar el final de los días habrá visto 4:44 Last Day on Earth de Abel Ferrara, pero ha quedado años luz de su profundidad  psicológica, de la hondura de sus personajes y de la brillantez de su propuesta formal, a pesar de que en Al final todos mueren se busque sorprender precisamente con esa variedad de su estructura, que contraviene la narrativa clásica. 



Puestos a bucear en análisis cinematográficos sobre el neo-apocalipsis, destaca la propuesta de la británica Perfect Sense de David Mackenzie, los seres humanos van perdiendo sus sentidos… si es que alguna vez los han tenido, o lo que de teorización sobre el final del mundo tal y como lo entendemos pueda tener Lo imposible de J.A. Bayona, que es bastante. 

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miércoles, 9 de octubre de 2013

La película del año

Gravity, de Alfonso Cuarón (3/5)
Esta fascinante película que nos llega en momentos de mutación, transformación, reconversión, ha aterrizado (y pocas veces mejor empleada la palabra) precedida de la mayor unanimidad crítica que recuerdo en la gran pantalla. Costaba acercarse al cine sin sentirse mediatizado por los artículos y comentarios que se han escrito y formulado en TODOS los foros, como si repentinamente una nueva Intolerancia (Giffith) o un nuevo Ciudadano Kane (Welles) redivivos hubieran sorprendido a quienes hablan y escriben sobre las películas que se estrenan. No pude evitar entrar en la sala condicionado por los elogios que Gravity ha obtenido en los Festivales de Toronto, Venecia y San Sebastián, donde se ha hablado de “experiencia irrepetible”, “un antes y después del Cine”, “una reinvención del lenguaje en una pantalla” y “revolución sensorial”. Es difícil no prejuzgar lo que uno va a ver con semejante grado de pleitesía sobre una obra que ciertamente renueva el  lenguaje cinematográfico, y que por vez primera en la Historia sitúa un larguísimo plano de casi media hora de duración (o eso me ha parecido la densidad de su arranque) nada menos que en espacio post- atmosférico. Un virtuosismo, pero, ¿sólo eso?.
Lo primero que cabría discernir es ante qué género cinematográfico estamos: un mestizaje de ciencia ficción a la antigua (los avances en la conquista del espacio que vemos no son un sueño sino que ya están ahí gracias a los avances de la Ciencia, a cientos de kilómetros de la Tierra), la aventura clásica con el incierto destino de los protagonistas y el terror (los abismos del universo). La mención obligada ante la visión de Gravity es la (hoy empequeñecida) 2001, una Odisea del espacio de Stanley Kubrick, respecto a la cual tenemos menos metáforas visuales, menos simbolismo y más “realismo fantástico”, como se puede denominar al ejercicio metafísico que propone el ya aclamado director Alfonso Cuarón. Realismo fantástico, porque se convierte en ficción algo real, al contrario que la Sci-Fi clásica que convertía en (supuestamente) real una ficción y lo llevaba a los terrenos de un futuro improbable que raras veces (salvo en los visionarios artefactos y viajes de Julio Verne) se ha cumplido. Los astronautas de Gravity se mueven en su rutina espacial, reparan plataformas averiadas como el mecánico que cambia la rueda de un coche, y discurren entre elementos que el Hombre ya ha creado, como las estaciones espaciales, el Hubble o los transbordadores. Nada de ficción hay en todo ello pues desde Houston, Baikonur o Cabo Cañaveral se contacta diariamente con ellos desde hace un par de décadas. Casi nadie repara en ello, pero el causante del cataclismo espacial es el Hombre: un misil  ha alcanzado varios satélites e instalaciones allí arriba y  la consiguiente basura espacial viaja meteoricamente contra los astronautas que reparan el telescopio gigante a seiscientos kilómetros de distancia, el comandante Kowalsky y la doctora Ryan Stone, van a recibir una lluvia de meteoros que destrozará su entorno vital y su hilo conductor con la vida. Los paseos de la cámara entre los científicos, relatando su plácida misión primero y su infierno (en el espacio) después, cuando quedan como verdaderos náufragos perdidos en la inmensidad de un agujero negro llamado Universo, otorgan al espectador un punto de vista subjetivo del que difícilmente se sale ni siquiera cuando ha terminado la proyección: tal es el efecto cautivador de su planificación y de su ejecución medida y perfecta, sin música de Strauss pero con más fuerza expresiva si cabe que en la visionaria y adelantada a su tiempo película de Kubrick.
Gravity tiene una óptica metafórica tematicamente: la existencia de la especie humana no puede empeñarse en la conquista del espacio como nuestro nuevo hogar, porque allí los peligros se multiplican en la Nada, el miedo al vacío se acrecienta, se descubre  la ausencia de socorro y auxilio cuando más se necesita, se palpa con terror la inmensidad del espacio y la pequeñez del ser humano en la inabordable Creación. Y es también metafórica visualmente: el espacio es el desierto que hemos visto tantas veces en el Cine, y las estaciones espaciales ISS, MIR  y Tiangong  son los oasis donde los personajes se aferrarán a la vida con cada vez menos posibilidades de sobrevivir. Y sentimos algo parecido a la sed que se siente cuando alguien queda perdido en el desierto: sentimos algo aferrándose a nuestra garganta sin dejarnos respirar, metidos en esa escafandra que Sandra Bullock lleva con penitencia… ¿Quién le mandaría dejar su consulta médica y marcharse al espacio a apretar tornillos a más de cien grados bajo cero de temperatura? Con esta maravillosa actriz renacida descubrimos el amor a la Tierra, este planeta nuestro tan maltratado al que agredimos diariamente (la mano de Bullock aferrándose a un puñado de arena podría ser la nuestra). La doctora Ryan toma magistralmente el testigo de Bowman, de Ripley, de Lovell, colonos todos ellos en un continente tan desconocido como hostil para nosotros.
Cuarón había demostrado hasta ahora una enorme capacidad para conmover.  Los hijos de los hombres y Harry Potter y el Prisionero de Azkabán lo demuestran. Y tu mamá también y Grandes Esperanzas le situaban en otro registro muy distinto pero necesario para probarse a sí mismo y demostrar que es capaz de articular personajes y dramas de calado. Ha escrito el guión con su hijo Jonás, autor de un relato titulado Defensa, ha peleado durante cinco años por levantar esta nueva catedral cinematográfica y ha mostrado su olfato con el gran acierto del exiguo reparto: su apuesta personal  por Bullock , tras intentar infructuosamente implicar a Angelina Jolie y a Natalie Portman, le honrará hasta el fin de los tiempos como artífice de un redescubrimiento a la altura de la actriz que lo protagoniza. Noto en cambio algo mal perfilado el personaje del comandante Matt Kowalsky, con un George Clooney efectivo pero deudor de unas motivaciones personales que no se aciertan a comprender. Ahí es donde para mí, el guión (repito, el guión) de esta subyugante película tiene una vía de agua que la dejan fuera del universo de las más grandes.
Emanuel Lubezki, artífice de la fotografía, demuestra ser el especialista en tomas largas que siempre ha sido. Todo es digital en las escenas a espacio abierto salvo los rostros de los dos actores (que se ven a través de las escafandras de sus trajes espaciales). Las escenas de Bullock dentro de las estaciones espaciales son mas "cinematográficas" en el sentido clásico, con la actriz actuando con todo su cuerpo y sostenida en la ingravidez por robots. Si esta producción arrasa en la noche de los Oscar del año que viene, uno será seguro para su sonido: el silencio es más impresionante en ella que el estruendo y eso es muy difícil de conseguir. Las tecnologías  3D y el formato Imax son empleadas con mucha más lógica dramática y visual que en el ya amortizado Avatar de James Cameron.
Para Variety ésta es una  "superproducción minimalista". Buena definición esquemática. Los seguidores de Twitter me están preguntando por qué sólo le he otorgado una calificación de 3/5. La respuesta está en el contexto de la propia Historia de este invento  y de la cámara y la pantalla, y en  mis microcrónicas en Twitter en las que muy pocas películas han alcanzado 4 o 5 (Qué verde era mi valle, Veracruz, El hombre tranquilo, y alguna más en un año y 8 meses que lleva uno difundiendo opiniones por este nuevo mercadillo a 140 caracteres. Pienso que para ser la definitiva y perfecta obra que nos tratan de hacer ver, necesitaría profundizar algo más en la tragedia emocional del personaje. Salvo eso, coincido en valorarla como la más importante del año, y seguramente de muchos años tanto pretéritos como venideros.

Copyright © Víctor Arribas



domingo, 29 de septiembre de 2013

Londres, 2027

LOS HIJOS DE LOS HOMBRES


El mundo vive sin esperanza ante la pérdida de la fertilidad del sexo femenino. Las migraciones masivas procedentes de países del Tercer Mundo desbordan el planeta y causan graves problemas de abastecimiento de alimentos y de seguridad, de tal forma que los inmigrantes son aislados en campos de refugiados. El terrorismo de grupos nacionalistas es habitual en las caóticas calles de la City: bombas en autobuses, aceras y estaciones  han creado un clima de miedo en la población y un estado policial en el que las libertades brillan por su ausencia. La TV informa de que el ser humano más joven del mundo, un varón de 18 años, ha muerto. Pero una luz de esperanza se enciende: una joven de color queda embarazada y debe ser protegida de los radicales.

LA HUMANIDAD EN PELIGRO
            La raza humana ha sido llevada al límite de su resistencia por el cine en numerosas ocasiones. El final de la Segunda Guerra Mundial y el inicio de la Guerra Fría abrieron un subgénero dentro del fantástico que albergó un ramillete de títulos sobresaliente, que en los años más recientes han tenido brillante continuación con la paranoia colectiva que ha supuesto el   11-S y sus consecuencias. En Los hijos de los hombres, convertida en hallazgo para los aficionados del cine de apocalipsis, la esperanza del futuro está en un nacimiento. Sólo la expectativa del alumbramiento de un nuevo ser arenga tanto a los activistas de los derechos civiles como a los que recelan de que sea una inmigrante afroamericana la que tenga en su vientre la semilla de la supervivencia de la especie.  Hasta ahora, era la supervivencia individual de grupos humanos reducidos la que había concitado de forma mayoritaria el interés del cine, generalmente frente a la amenaza extraterrestre como en La invasión de los ladrones de cuerpos (Invasion of the Body Snatchers, 1955) de Don Siegel y las demás versiones de la novela de Jack Finney,  o en La guerra de los mundos (The War of The Worlds, 1953) de Byron Haskin y su nueva versión dirigida por Steven Spielberg en 2005. Si no proviene del espacio, el temor apocalíptico tiene procedencia futurista como en Mad Max, salvajes de autopista (Mad Max, 1979) de George Miller y sus secuelas, donde el mundo quedaba sometido a un violento caos irracional. Y otras veces, como en muchas películas de la saga de los zombies o en Doce monos (Twelve Monkeys, 1995) de Terry Gillian, es un virus el que ha extendido la epidemia que hace desaparecer a hombres, mujeres y niños.



Tal vez el precedente más elocuente de esta agónica aventura en la que la humanidad corre peligro de desaparecer por infertilidad sea El último hombre vivo (The Omega Man, 1971) de Boris Sagal o su nueva versión Soy Leyenda (I am a Legend, 2007), de Francis Lawrence, con la trascendental diferencia de que en las adaptaciones de la novela de Richard Matheson el origen de la amenaza está en una bacteria o una emisión radiactiva, mientras aquí se expone bien a las claras que los humanos somos los culpables del mal que nos hará desaparecer: nos lo hemos buscado por la ambición, la lucha de clases entre ricos y pobres y la nefasta utilización de los recursos naturales que nos ofrece la Tierra.         
El director Alfonso Cuarón confesó durante el lanzamiento de la producción en el Festival de Venecia que la mayor influencia que había recibido para hacer la película fueron las noticias que cada día pueden verse en los informativos de la televisión, donde son raras excepciones los temas optimistas que rompan el augurio de un negro futuro colectivo en el planeta. Pero esa idea se lleva al paroxismo, tan próximo al cine de ciencia ficción: los viandantes pasean tranquilamente por el centro de Londres, y cuando estalla una bomba nadie parece sobresaltarse ni quedar conmovido por la dantesca escena. El terrorismo, la inmigración, el totalitarismo y la incapacidad para procrear son  fantasmas de la sociedad contemporánea que están presentes y que polarizan la tesis, la reflexión que defiende la película: una idea sobre el  fatalismo, una utopía negativa. 

CUARÓN Y LAS ESCRITORAS

La novela en la que está inspirada Hijos de los hombres no podía pasar desapercibida para la gran pantalla. La productora Hilary Shor se interesó por ella, impresionada por el cambio de rumbo de la autora Phyllis Dorothy James, muy conocida por sus obras de crímenes y famosa mundialmente por las iniciales P.D.  La escritora británica había publicado su relato en 1992, pero en aquella época no fue bien recibida una historia futurista de un mundo sin niños y sin esperanza de supervivencia.  Pero antes de que Alfonso Cuarón se interesara por él, el proyecto pasó por varios altibajos.



Cuarón viene de un país que sabe mucho de migraciones. En México el drama sacude la frontera con los Estados Unidos diariamente, lo que sin duda se refleja en el tratamiento que el director otorga a las hordas de inmigrantes que llegan a Gran Bretaña en masa. Nacido en México D.F. en 1961, el impacto de sus películas iniciales fue tan grande que el cine norteamericano le reclamó para firmar alguna de las superproducciones con  mayor despliegue publicitario en Hollywood, como la tercera parte de las aventuras del joven mago creado por otra escritora, J.K. Rawling: Harry Potter y el prisionero de Azkabán (Harry Potter and the Prisoner of Azkabán, 2004). Cuarón ya había tocado el género infantil en la adaptación de la obra literaria de otra mujer, Frances Hodgson,  en  La princesita (A Little Princess, 1995), y había incluso entrado en el recargado y apasionante mundo de Charles Dickens al llevar a imágenes su clásico Grandes esperanzas (Great Expectations, 1998), que supuso su entrada en el mercado USA y en la que lanzó a futuras grandes estrellas como Ethan Hawke y Gwyneth Paltrow combinando su juventud con la maravillosa veteranía de Anne Bancroft como la inquietante Sra. Dinsmoor.  Su graduación en el cine mexicano fue un auténtico acontecimiento a este lado del Atlántico, la película Y tu mamá también (2001) con la actriz española Maribel Verdú y sus adolescentes compatriotas Diego Luna y Gael García Bernal. Sus labores como productor han aumentado una prometedora filmografía: el golpe al sueño americano que supone El asesinato de Richard Nixon (The Assassination  on Richard Nixon, 2004) de Niels Mueller y la mencionada El laberinto del Fauno.  
Cuarón comparte generación con otros cineastas de su país que han deslumbrado al mundo artístico, con nuevos realizadores mexicanos como Alejandro González Iñárritu, quien  ha sorprendido con Amores perros (2000), 21 gramos (2003) y Babel (2006),  y Guillermo del Toro que tiene también un gran prestigio por sus éxitos valorados por crítica y público: Cronos (1993), Blade-2 (2002, Hellboy (2004) y El laberinto del Fauno (2006).
           
MICHAEL CAINE Y LOS DEMÁS

            Llega un momento en la vida de un actor de prestigio, la madurez, en el que haga lo que haga está siempre por encima de los demás. Michael Caine, en el papel de Jasper, se limita a “estar” en la pantalla durante las largas escenas en que la acción se traslada a su cabaña. Jasper vive aislado en una casa de campo con su mujer inválida y rodeado de plantas de marihuana que cultiva como si fuera su pequeño tesoro oculto al mundo exterior. Pero pese a su aislamiento, es el personaje sobre el que gira todo el desarrollo de la película porque mantiene los contactos necesarios para que los activistas juramentados para salvar la raza humana  puedan poner a salvo a la joven embarazada. Caine  es uno de los actores británicos más importantes del último medio siglo, ganador del Oscar ® al mejor secundario por Hannah y sus hermanas (Hannah and her Sisters, 1986) de Woody Allen y por Las normas de la casa de la sidra (The Cider House Rules, 1999) de Lasse Hallström. No ha podido hasta ahora celebrar el premio de la Academia al mejor protagonista, aunque lo rozó con Educando a Rita (Educating Rita, 1983) de Lewis Gilbert, con La Huella (Sleuth, 1972) de Joseph Leo Mankiewicz y con Alfie (Alfie, 1966) también de Lewis Gilbert.
            El protagonista es Theo, un joven comprometido pero desencantado, que volverá a la acción para salvar una causa justa y necesaria. Clive Owen es un actor de la escuela británica, educado en la Royal Dramatic Art y cuyas principales apariciones han sido El caso Bourne (The Bourne Identity, 2002) de Doug Liman, El rey Arturo (King Arthur, 2004) de Antoine Fuqua, y Elizabeth, la edad de oro (The Golden Age, 2007) de Shekhar Kapur. Junto a él, la huida hacia la salvación tendrá como compañera a su ex mujer Julian, una Julianne Moore que pone el contrapunto interpretativo a su partenaire con su marcado acento bostoniano.  Sus mejores papeles le llevaron a cosechar nominaciones para el Oscar ®, el mismo año por Lejos del cielo (Far From Heaven, 2002) de Todd Haynes y Las horas (The Hours, 2002) de Stephen Daldry. Fue la segunda Clarice Sterling que se midió al caníbal Hannibal Lecter en Hannibal (Hannibal, 2000) de Ridley Scott). Chiwetel Ejiofor, un joven actor de la nueva generación negra,  ha cautivado a directores como Spike Lee, Woody Allen y el mismísmo Ridley Scott, con el que trabajó en American Gangster (American Gangster, 2007) . Y la actriz cuyo personaje es el centro de la historia es Clare-Hope Ashitey, la única mujer embarazada sobre la faz de la Tierra.




            Si hay una cualidad técnica que distingue a Hijos de los hombres, además de la utilización de efectos dignos del género bélico en su segunda mitad, es la fotografía gris y mortecina de un Londres sumido en la depresión y el apocalispsis. Es obra de Emmanuel Lubezki, operador de las magistrales imágenes de El nuevo mundo (The New World, 2005), de Terrence Malick, y de varios de los títulos dirigidos por Alfonso Cuarón. También colaboró con Tim Burton en Sleepy Hollow (Sleepy Hollow, 1999), con los hermanos Coen y ha dirigido la fotografía del documental sobre los Rolling Stones Shine a Light (Shine a Light, 2008) de Martin  Sscorsese.  

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lunes, 19 de agosto de 2013

En el 36 aniversario de la muerte de Groucho

Frases lapidarias de Groucho Marx



Año más o año menos, nací alrededor del cambio del siglo. No diré qué siglo. Cada uno que haga sus conjeturas.

La felicidad está hecha de pequeñas cosas: Un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna…

¡Hay tantas cosas en la vida más importantes que el dinero! ¡Pero cuestan tanto!.

Jamás aceptaría pertenecer a un club que me admitiera como socio.

La justicia militar es a la justicia lo que la música militar es a la música.

Partiendo de la nada alcancé las más altas cimas de la miseria.



La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnostico falso y aplicar después los remedios equivocados.

El matrimonio es la principal causa de divorcio.

Disculpen si les llamo caballeros, pero es que no los conozco muy bien.

Nunca olvido una cara, pero en su caso haré una excepción.


Estos son mis principios. Si a usted no le gustan, tengo otros.

¡Hasta un niño de cinco años sería capaz de entender esto!... Rápido, busque a un niño de cinco años

Él puede parecer un idiota y actuar como un idiota, pero no se deje usted engañar, es realmente un idiota.

Todos los hongos son comestibles… Algunos, solamente una vez…



Si un día te sientes inútil y deprimido… ¡¡¡recuerda que fuiste el espermatozoide más veloz de todos…!!!

Los jefes son como las nubes… ¡¡cuando desaparecen, el día se arregla!!

El amor es como la gripe: la pescas en la calle ¡pero te curas en la cama…!